domingo, 6 de marzo de 2011

A HUGO IRALA ESTIGARRIBIA

 Asunción 28 de octubre de 2010

Hugo Irala:
Me informaron algunos compañeros, que estás preparando una Intimación para enviármela con un Escribano. No puedo menos que felicitarte sinceramente por esta reacción tuya, propia de los hombres valientes y de entereza de carácter. 
Nos estás demostrando Hugo Irala que NO sos lo que la mayoría pensábamos de vos, al contrario, sos un digno heredero de una persona que se batió en los campos de batalla, exponiendo mil veces su preciosa vida  en defensa de sus ideales. Y debido a eso, y a la adversidad del destino, tuvo que sufrir estoicamente el cruel exilio hasta morir lejos de su amada patria a la que había jurado, ante la enseña tricolor con sable desnudo y dragona de gala, defenderla hasta morir. Me refiero al pundonoroso Mayor de Caballería don Alejandrino Irala, Promoción del 38, quien supo morir de pié como muere el quebracho, y no de rodillas como sucumben los pusilánimes.
Lamento que te hayas plegado a personas que ni siquiera son de nuestra Asociación, como Medina, Aquino, Urunaga, y otros, que decidieron atacarme. Y vos, nuestro Presidente, que debías  de mantenerte neutral, avalaste con tu valiosa presencia semejante reunión espuria.
Decís que “te llamó el Presidente”. ¿Pero será que no entendés que esa persona no es nadie cuando comparada contigo? A él lo llevó al cargo, UN voto, apenas uno, en cambio a vos te llevaron más de 200 votos compañero.  A él se lo puede relevar del cargo de un plumazo, como ya sucedió con los otros Consejeros, en cambio a vos, no te puede relevar nadie, porque la voluntad de 200 Jubilados te sustenta, y esa voluntad es sagrada e inviolable.
Lamento si tu familia es lastimada por esto, pero por desgracia, esta es la abominable ley de la guerra, y por si  no lo sabías y si te sirve de algún consuelo, te cuento que la mía también está sufriendo. 
Espero entonces, con ansiedad, a tu enviado. Y yo sé muy bien Irala, que uno de nosotros tiene que sucumbir en este enfrentamiento, y será con la misma dignidad que tuvieron nuestros padres, el tuyo y del mío, que aunque combatieron bajo diferentes divisas, lo hicieron con el mismo valor y el mismo arrojo.
Bejarano

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